Martes, 09 de Septiembre del 2014
Paco Palafox
Frente a una generación equis
caracterizada por la rebelión y que está en la mitad de un camino que no va a
ningún lado, Dios nos moviliza a empezar a soñar.
Solo necesita que te decidas para
que haga grandes cosas con tu vida. Por Paco Palafox
¿Se acuerdan del programa de
televisión La isla de la fantasía?
Una enfermedad muy común en muchos
de los jóvenes de este tiempo es precisamente esa, vivir en La isla de la
fantasía. Una isla en la que están solamente disfrutando, acostados, esperando
que venga alguien más a ofrecerle aquellos sueños como un bello regalo envuelto
en una gran caja de colores.
Pero al correr el tiempo, hace que
esa isla se convierta, no en aquel paraíso que parecía, sino en una gran cárcel
de soledad donde uno simplemente imagina y fantasea lo que quisiera ser o a
quien se quisiera parecer, pero están allí tirados, "descansando" sin
hacer nada.
Tener entre veinte y treinta años
hoy es sinónimo mundial de pertenencia a una generación tristemente
identificada como la "generación equis". Equis es el símbolo de la
indefinición; es una forma de nombrar el vacío, un vacío de ilusiones y
proyectos, sin historia, sin pasión y sin deseo.
No puede describirse por hechos
históricos importantes. No es para decir que hoy no suceden cosas importantes;
sin embargo, nuestro contacto con ello ahora es solo por los medios de
comunicación y a veces esto hace que le restemos la importancia que tienen.
Pero, ¿quién inventó esta
"generación equis"? ¿Don gato y su pandilla, los Picapiedras o Hanna
Barbera? ¿Acaso fueron nuestros antecesores los "yuppies", solo como
un plan de mercadotecnia? Pues quién fuera que sea, lo ha logrado, ya que sigue
decidiendo por nosotros.
Hoy todos vestimos la misma ropa,
nos divertimos en los mismos lugares, hablamos y pensamos igual, comemos en los
mismos restaurantes rápidos, vemos las mismas películas y hasta trabajamos en
los mismos lugares. Todos igual, sin metas en la mente, sin sueños.
Algunos ya con edad de tener familia
e hijos pero se resisten a la responsabilidad; su único sueño pensar en cómo se
sentirían de recibir un "Oscar" o ser estrella de rock mientras ven
sentados los videos de MTV.
La "generación equis" es
como una rebelión a quién sabe qué, es una rebelión sin líderes, que está en la
mitad de un camino que va hacia ningún lugar. La decadencia general en todos
los aspectos y el vacío del corazón es la moda.
Pero, y ¿qué de ti y de mí? Somos
cristianos y sin embargo nos seguimos moviendo al ritmo que marca este planeta.
Nos conformamos no solo con ver pasar la vida, sino con ver cómo se va todo lo
que Dios quiere que nosotros realicemos. Nos convertimos en unos
"cristianos equis".
Vamos a los congresos que van todos
los cristianos, escuchamos la música que escuchan todos los cristianos,
vestimos y hablamos como todos ellos. Sin embargo, Dios no desea que pasemos
como simples "equis", Él no desea que dejemos que se pierda una
generación.
Desea que tengamos sueños, metas,
ilusiones y nos esforcemos en su presencia para marcar con su Espíritu a esta
generación que solo vive de muerte y se llena de vacío.
Tenemos que entender lo que Dios nos
hace sentir. Necesitamos despertar de esa falta de voluntad por hacer las
cosas, de esa motivación muerta, de la frustración que cargamos para poder
entender que cada generación es responsable de su propia generación, que no
importa qué tan viejo o joven seas, siempre tienes algo que dar, algo que
ofrecer.
Entender que no podemos seguir
siendo egoístas y que afuera de nuestro "planeta cristiano" nos
esperan millones de personas, todo un mundo real para que nosotros podamos
darles la respuesta a sus preguntas y regalarles el milagro de vivir y llenen
su vacío, el milagro que se llama Jesucristo.
Castillos de arena
¿Cuántas veces hemos sido como ese
pequeño niño que trata de hacer sus propios castillos de arena? Trabajamos
pensando y creyendo que lo que hacemos por nuestra propia cuenta es una gran
obra, algo importante, que todo mundo apreciará, pero de pronto, cuando menos
lo esperamos, viene una pequeña ola de realidad y desvanece de forma
instantánea lo que creímos por algún momento que era un castillo.
Lo importante no es lo que nosotros
trabajemos. Lo importante es sobre qué fundamento trabajamos. Hay muchos
fundamentos erróneos que nos llevan a hacer cosas que llaman la atención y
pueden ser dignos de admiración. Pero cuando están construidos sobre un
cimiento inseguro, no pasará mucho tiempo en que se vengan abajo.
Puede ser que aquello que piensas o
haces esté fundamentado en un simple orgullo de crear para recibir la atención
de los demás. Otra razón puede ser GANAR DINERO y satisfacer deseos egoístas, o
ganar fama, reconocimiento y vanagloria. La Biblia es muy clara en este punto,
ya que nos dice en Filipenses 2:3: "Nada hagáis por contienda o
vanagloria".
Cada sueño que nazca en tu corazón o
en tu mente, trata de llevarlo inmediatamente a los pies de Dios. Busca
cimentarlo en Dios, en la roca firme y sobre ese cimiento empieza a construir
tu "castillo" y así, aunque venga una ola muy fuerte, no se va a
venir abajo porque el principio de construcción es un principio que nada podrá
mover, es Dios mismo.
Soñar es una bendición que Dios nos
ha regalado y está en nosotros cómo la aprovechamos. Habrá quien se porte
indiferente ante lo que Dios puede y quiere hacer con nosotros si es que se lo
permitimos, y habrá también la persona que acepte tomar el reto de soñar, que
se atreva a creer que Dios puede hacer grandes cosas a través de su vida.
Él necesita una sola cosa: DECISIÓN.
Tú tienes en este momento las dos opciones ante la vida y tu futuro. Dirígete
hacia el cielo, porque estoy seguro que Dios mismo habla a tu corazón y te
dice: ¡¡¡Atrévete a soñar!!!
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